Me pregunté mientras paseaba entre las páginas de un libro de cuentos, uno de esos que tiene dibujos que ocupan la hoja entera, menos un espacio que está destinado para una frase, una frase de esas que acompañan al dibujo y lo completan. Esas frases que están entre dibujo y dibujo, entre página y hoja empiezan hablando sobre un mal día en el que poco a poco te vas hundiendo entre hojarasca, tu árbol, un fértil y frondoso árbol rojo ha desaparecido y en su lugar ha dejado cientos de hojas negras, negras y secas, secas y apagadas, sin vida ni ilusión con la que alimentarte.
El cuento sigue y tú pasas la hoja y sigue estando ese aura triste de hojas negras y secas y apagadas y sin vida ni ilusión con la que alimentarte, y volteas la hoja y todo sigue igual, y volteas la siguiente hoja y las cosas siguen igual de mal, o peor, más desesperanzadas que al principio e insistes y vuelves a pasar otra hoja más, y otra...
Pero, ¿por qué sigues pasando hojas? puede que el cuento termine igual que empezó y tan sólo haya más dolor y hojarasca... Sin embargo sigues pasando las hojas porque esperas que al final del cuento haya un gran árbol rojo del que nutrir tu desfallecida felicidad, sigues avanzando entre el cuento sombrío porque necesitas que haya un árbol rojo al final de esas hojas esperando a que una sonrisa se estampe en tu desgarrado rostro, porque sin árbol rojo sólo te quedan hojas negras secas y apagadas, sin vida ni ilusión con la que, de ellas, alimentarte.
Y sigues avanzando porque no tienes miedo, no tienes miedo de que al final del libro te sorprenda la sombra. Simplemente crees que tu árbol rojo aparecerá de manera que sigues aunque lo que vees no te gusta, aunque la realidad de la que habla el cuento te molesta, sigues hasta que, finalmente tu árbol, tu energía, tu querido y anhelado árbol rojo aparece.
Si no tuviésemos miedo de enfrentarnos a la vida... de seguir día a día, pasando una página tras otra de nuestra existencia, si no nos condenara el miedo seríamos capaces de avanzar hasta encontrar nuestro querido árbol rojo.
jueves, 16 de junio de 2011
martes, 7 de junio de 2011
Infectada
Por un virus germinante
que emponzoña
sutilmente recorriendo
mi memoria
y enturbiando cada espacio
de mi calma.
Poco a poco muta el virus
convirtiéndose en demencia
y el camino nunca más
tendrá la fuerza
de seguir siempre adelante
sin error.
Condenada
a vivir entre sus manos
como enferma
sin saber como es el cielo
y desde fuera
hay rencor en los pedazos
del ayer.
Borra el miedo
ese virus que transforma toda esencia
y tras largo tiempo culminó la espera
se terminó de momento la función...
que emponzoña
sutilmente recorriendo
mi memoria
y enturbiando cada espacio
de mi calma.
Poco a poco muta el virus
convirtiéndose en demencia
y el camino nunca más
tendrá la fuerza
de seguir siempre adelante
sin error.
Condenada
a vivir entre sus manos
como enferma
sin saber como es el cielo
y desde fuera
hay rencor en los pedazos
del ayer.
Borra el miedo
ese virus que transforma toda esencia
y tras largo tiempo culminó la espera
se terminó de momento la función...
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