No había más aire en la habitación. Cada vez que trataban de llenar sus pulmones una intensa presión se asentaba sobre su pecho. Tampoco quedaba ya voz. Sus miradas eran lo único con lo que podían encontrarse. En mitad del cuarto había, como decoración, vacío, tan grande y tan fuerte que podrían haberse tocado a través de él. Si hubiesen querido.
Nunca fueron del todo desconocidos, pero ésta era la primera vez que se encontraban. No tenían muy claro por qué escogieron esa habitación de entre todas las opciones. Pero los dos entraron en la 11; a las 7 de la tarde él, a las 9 de la noche ella.
Cuando ella llegó él se había terminado prácticamente todo el aire ya, pero había guardado un poco por si ella decidía aparecer. Le sirvió algo para tomar, a ella, pero prefirió sentarse enfrente de él, al otro lado del vacío conformándose con recoger con sus dedos a penas unas gotas que resbalaban por el frío vaso y con ellas refrescarse los labios.
El tiempo transcurría entre ellos a la misma velocidad que fuera de la habitación. Sabían que no se podrían quedar allí por mucho más y que tendrían que actuar antes de terminarse todo el aire. Solamente se oían entre ellos los suspiros de quien toma y exhala con la respiración. Se habían dicho suficiente con las miradas. Pero aún así él decidió que había transcurrido tiempo suficiente; tomó un poco más de aire del que le correspondía, pero ya daba igual porque no estarían mucho más tiempo dentro de esa habitación. Se levantó y se acercó al vacío y lo cruzó; mientras tanto ella no apartaba sus ojos de los de él. Quedaron a la altura y él pudo ver que aún no se habían secado las gotas de agua en sus labios. Se miraron para poder decirse todo aquello que jamás hubiesen podido hacer voz.
Dio un paso más hacia ella y decidió, por misericordia o algo parecido, secar aquella gota de agua que, solitaria, se había quedado suspendida en sus labios.
No hizo falta más vacío ni aire, ni voz. Sus bocas se habían hecho una en un profundo beso. Fue entonces cuando el vacío desapareció y volvieron la voz y el aire eliminando cualquier posibilidad de un plural.
Salieron ambos de la habitación, pero a destiempo: a las 9.15 de la noche él, unos minutos más tarde ella.