El día en que la calma se me desborde en dudas y destierre el acompasado sonido de tu voz sin gesto por volver a la calidez del aire que exhalas rogando por empolvar recuerdos viviendo el mañana, huyendo del hoy, de cualquier resquicio de verdad. El día en que deje de amarte habrá muerto en mi todo lo que soy.
La teoría del intercambio equivalente de la alquimia nos dice que para conseguir algo hemos de dar a cambio otra cosa de igual valor. De este modo si queremos conseguir un móvil tendremos que transmutar piezas de la misma calidad de las que componen dicho aparato para poder obtenerlo.
Según esto si utilizamos la alquimia para que una persona entre en nuestras vidas y nos colme de felicidad y haga de nuestra vida una plenitud, a cambio habrá que entregar otra serie de cosas. El cosmos te irá cobrando, día a día, cada hora, el precio que cuesta tener a esa persona en tu vida. Arrancando a otros seres queridos, estirpando energía vital, y plagando de un vacío existencial el hecho mismo de ser persona. Llenandote de dudas y paseando en tu cotidianeidad a otras personas que emulan tener lo que tienes sin estar dispuestas a pagar todo lo demás, pero que parecen tenerlo todo más controlado que tu. Aunque no hay que olvidar que se trata sólo de alquimia... Pero: ¿Hasta qué punto no se rige la vida por estas mismas leyes? y de ser así ¿cuánto estamos dispuestos a pagar por ese intercambio?
Siento el portazo en mi espalda y recorro el pasillo tratando de alcanzar la siguiente puerta y que la maldita no me alcance Mis dedos se estiran desesperados tratando de aferrar el pomo sólo son unos centímetros. Abro y un poco temerosa entro todo es maravilloso, el olor el tacto, la música... Los recuerdos de esa puerta pasada comienzan a desvanecerse embriagados por el ahora pero de pronto ¡PAF! Se cierra mi nueva y dulce puerta de nuevo empieza la carrera ese desesperado avance, esa incesante lucha. Ya casi llego, ahí veo otra puerta. Miro hacia atrás y de nuevo me persigue. No hay otra que correr y abrir la puerta. ¡PAF! De nuevo, estoy en el pasillo. Aterrada, desgasto mis fuerzas mis pies cansados, y yo sigo corriendo. Tiemblo Pero no puedo dejar que me alcance. Tomo un nuevo pomo entre mis manos esperando rogando suplicando... ser la última vez que mis ojos recorran el pasillo...