Hasta hoy no he conocido mayor placer
que el de encontrarme sobre sus manos.
Sentir cómo esas manos suyas
tan firmes y llenas de vida
me sostienen,
me guardan,
me protegen del olvido.
Placentero como su mirada,
que bebe mágicamente de mi
extrayendo todo lo que soy
con avidez y algunas veces
con deseo.
Preguntándose con su mirada
cómo será mi futuro,
compartiendo mis sueños
y descubriéndome segundo a segundo.
Pero todo llega siempre a su fin
haciéndome desear ser menos
ante sus ojos
y que, de algún modo,
el aburrimiento por lo que soy
le hiciera tomarse esto con más calma.
No elegí ser una novela de aventuras,
hubiera preferido ser tan sólo
un denso libro de historia,
para que el final no llegase tan rápido.
Y sé que es inevitable que
cuando llegue el último momento,
nuestro último momento,
Él pase mi última página
y con un tierno y solemne movimiento,
cierre mi solapa.