"Dios, que asco de existencia"
Hay días en los que el clima se te pega al alma y se aferra a ella como una mujer suplicante. Anida en lo más profundo de lo que uno es y te contagia de todo ese frío húmedo que te empapa los huesos, el ánimo y las ganas.
Entonces llega un insensible mosquito y te pica y eso se convierte en una amenaza de muerte porque tu hasta entonces tibio corazón se ha congelado creando témpanos débiles y quebradizos, cambiándolos por sentimientos. Y ese maldito, insignificante e insensible mosquito te ha picado, y ya no hay nada más que puedas hacer porque tu mundo se acaba de derrumbar, de nuevo. El clima te atenaza el alma y no puedes ni respirar y entonces llegan esas débiles gotitas que tratan de escapar para evitar una desgracia mayor. Y tu pequeño, frágil y cada vez menos tibio corazón no sabe cuando podrá recuperarse, se lamenta de haber dejado pasar a ese clima tan frío... Pero qué puede hacer... todo está demasiado frío para poder desembarazarse del clima y dejar paso a la calidez de la que antes hacía gala, esa fortaleza de la que antes era dueño pero que ahora no encuentra por ninguna parte.
Está esperando sentado a que el sol salga y lo cambie todo con su calidez.
-Dios, que asco de existencia - dice enrabietado contra el mundo y de nuevo... Rompe a llorar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario