No se les puede poner nombre, pero se sabe cuando son perfectos.
Tienen un ritmo que no siempre es fácil de sentir y que en ocasiones necesita de un plural. Empieza desde la primera mirada, cuando tus ojos saben antes que tus labios qué es lo que anhelan, y te acercas, sin despegar la vista de aquello que tanto deseas, y es entonces cuando comienzas a sentir el ritmo... Cuando tu cabeza gira lentamente, buscándolos y el deseo se te hace más y más intenso. Pero no te precipitas, porque estás vibrando con ese ritmo, tan sólo te acercas y sientes su suspiro en tus labios y no puedes hacer otra cosa que desearlo. Su mano se posa lentamente en tu cintura y te transmite toda su calidez y toda su pasión. Y cuando sus labios te rozan tu único propósito es demostrarle cuanto los deseas, cuanto le deseas, y caes en el instante perdido mientras todo tu cuerpo sigue el acompasado ritmo que ambos habéis marcado. Porque hay cosas en las que no se puede ser egoísta.
Me gustaría poder ponerles nombre, pero únicamente puedo decir que son perfectos.
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