Nunca quise ser en el lecho,
bajo tus brazos, una princesa.
Tan sólo una dulce amante
sin estamento ni nombre
sin más poder que mis sueños.
Donde sólo yazcan entrelazadas
tus piernas y mi alma
mis visiones con tu cordura.
Y en la tempestad que desata
el horizontal mundo
dormir temores y desalientos
para así, por fin, despertar
en la calma de tu mirada.
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