De nuevo, ante el punto de no retorno, hacia el lugar donde no podré volver jamás. Siempre adelante, paso a paso, de nada sirve caminar sobre mis propia huellas y desandar un camino yermo.
Es este el único modo, la única manera que conozco de vivir,
la única verdad posible.
Y calada a calada sello propósitos con mis pies y mi alma, tratando de convencerles a la vez de lo que tendrán que hacer ahora, del camino que tendrán que recorrer mañana, y pasado, y siempre. Ambos se quejan, pero es como ha sido desde el principio. Empezar de cero, año tras año, día a día,
recomenzar tras el sueño.
Es el momento del cambio, ahora y no antes, pero tampoco puede esperar más. Es el momento de hacer más grandes las mayúsculas y no alargar las jotas, el momento de decir Adiós, en alto y muy fuerte, todo lo que alcancen mis pulmones.
Y matar el miedo a patadas y con algún que otro beso envenenado.
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