Es imposible no abrir los ojos sin saberlo, sin tener la certeza de que pasará, de que el miedo se encaminará entre mis venas y me hará temblar, en algún momento de todo esto. Pero jamás me atrevería a parar. Es esa increíble sensación que te produce montarte una y otra vez en una montaña rusa, y sabes, sabes desde el principio que terminará, sabes desde el principio que el vello se te pondrá de punta y sabes desde el principio que en determinado momento del viaje querrás bajar... Pero una vez termine, sé que me volvería a montar hasta que el sol descendiese y las montañas se recortasen sobre el horizonte, hasta que mis pulmones se desgastasen de chillar toda mi adrenalina. Una y otra vez, como una droga de la que no existe desintoxicación posible, ni vuelta atrás. Y no quiero ni querré evitarlo. Y nunca dejaré de soñar que, algún día, esa montaña rusa dure para siempre.
Al fin y al cabo vivir es esto: es adrenalina, miedo, energía, pánico, desgastar la voz y las ganas, colmar los días de sinsentidos, de verdades, de mitades rotas y enteras, es expresar sentimientos y callarlos, es descubrir mentiras y tratar de no devolverlas, es amar hacia fuera y con las puertas cerradas.
Después de todo la vida no es otra cosa que VIVIR.
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