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| Franz Von Stuck, 1893. |
La más pura representación del pecado: un cuerpo de mujer. Rostro que se intuye en la penumbra. Oscuridad en la que resaltan sus ojos, llenos de la viva tentación, sus labios intensamente rojos que sólo pueden pedir una cosa.
Y su cuerpo.
Enmarcado con la sombría negrura de su pelo, palidez que invita
a perderse, en ella.
Cuerpo de mujer, temible pecado.
Y la serpiente lo asume retándote a acercarte, pero aún así lo haces. Cómo no ibas a hacerlo si todo en ella te estaba llamando.
Todo menos lo que está guardado tras su pulida piel de marfil, entre sus pechos perfectos, entre su sexo y su boca. Todo menos lo que realmente necesitas.
Si Eva te ofrece su cuerpo, toma tan sólo su alma... Es lo único con lo que te quedarás.

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